Mi acercamiento religioso al Silmarillion y reconectando con las bases de la fantasía
En el transcurso de aproximadamente dos semanas me dediqué a leer The Silmarillion de J.R.R. Tolkien. Crecí leyendo el Hobbit y adorando la adaptación de El señor de los anillos de Peter Jackson, hasta el punto en que The Fellowship of The Ring se ha convertido en una de mis peliculas favoritas, la veo constantemente cada vez que la vida se vuelve dificil y necesito un pequeño espacio lejos de todos los problemas (y la tengo en CD para poder tenerla a mi disposición eternamente). Al crecer decidí leer los libros del señor de los anillos y se sintió como revivir cada momento mágico de mi infancia y reconectar con la maravilla que me hizo enamorarme de la fantasía desde un inicio.Siempre consideré el estilo narrativo de Tolkien como simple y sencillo de leer, al iniciar El señor de los anillos es facil olvidar las complejidades del mundo exterior y adentrarse dentro de la tierra media, junto con sus historias, distintas poblaciones y cada una de sus culturas únicas. Al iniciar El Silmarillion sabía que me adentraba en un reto, esta obra literaria es recordada como uno de los trabajos más esquisitos de Tolkien, pero, al mismo tiempo como una de sus obras más complejas y pesadas.
Sabiendo esto me adentré paulativamente con paciencia a este libro, tomando el tiempo de leer con precisión cada palabra y lograr integrar todas las ideas que se presentaban en cada uno de los capítulos. Debo admitir que fue un gran reto para mí. Usualmente me enorgullece decir que puedo leer libros que se consideran dificiles o retadores sin mucho problema. Sin embargo, en esta ocasión esa misma lentitud que intenté usar para lograr internalizar cada una de las palabras de la historia fue lo que jugó en mi contra.
En ocasiones sentía el libro como una tarea que debía decifrar y recordar con exactitud, como si fuera parte de mis temas de estudio. Una frustrante tarea donde estaba tan enfocado en intentar disfrutar el libro hasta el punto en el que no lograba convertir las palabras en el texto en los paisajes místicos de mi imaginació. Lo llegué a pensar como un deber y no como lo que debería ser: historias y mitos de uno de mis autores favoritos que mi hicieron enamorarme de la fantasía y la magia en mi niñez. Cuando me di cuenta de mi error tomé un descanso y empecé a leer el libro imaginando que era de nuevo un niño pequeño y cada capítulo era un cuento antes de dormir.
Imaginaba una voz contanto con misticismo y adoración historias antiguas de una tierra lejana donde seres, dioses, elfos, humanos y enanos luchan constantemente por sus ideales, para defender las tierras que consideran su hogar y para defender a sus seres más amados. Justo en ese momento logré ver la verdadera magia del libro, veía como los mitos y leyendas cobraban vida y sus personajes heróicos se convirtieron en figuras reconocidas ante mis ojos.
Cuando terminé el libro, tomé un segundo para respirar y volví a abrirlo en la primera página para releerlo desde una perspectiva nueva, ahora cada personaje no era un nombre nuevo que debía recordar sino seres vivientes mágicos que recordaba vagamente de historias.
El silmarillion es una colección de crónicas, mitos, leyendas que demuestan la belleza de la creación y de cada uno de los seres vivos. Tanto su belleza dentro de su pasión por la vida, la naturaleza y la creación, como su pasión por poseer, governar y destruir. Y demuestra que esa belleza habita dentro de los seres más grandes, todo poderosos e inmortales hasta dentro de los seres más débiles, pequeños, efímeros y mortales.
Daniel Molloy's Reviews